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Ancestros

Una chica

El árbol ha entrado por mis manos,

la savia ha subido por mis brazos,

el árbol ha crecido en mi pecho –

hacia abajo,

las ramas salen de mí, como brazos.
Árbol eres,

musgo eres,

y las violetas en el viento.

Un niña – tan alta- eres,

Y para el mundo todo esto es un delirio.

Otra voz canta

Por detrás de mi voz
– escucha, escucha –
otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos;
viene de sepultadas
bocas, y canta.

Dicen que no están muertos
– escúchalos, escucha –
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.

Escucha, escucha;
otra voz canta.

Dicen que ahora viven
en tu mirada.
Sostenlos con tus ojos,
con tus palabras;
sostenlos con tu vida
que no se pierdan,
que no se caigan.

Escucha, escucha;
otra voz canta.

No son sólo memoria,
son vida abierta,
continua y ancha;
son camino que empieza.

Cantan conmigo,
conmigo cantan.

Dicen que no están muertos;
escúchalos, escucha,
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.

Cantan conmigo,
conmigo cantan.

No son sólo memoria,
son vida abierta,
son camino que empieza
y que nos llama.

Cantan conmigo,
conmigo cantan

La raíz de la voz

 
Cada día me trae un vestido de sorpresas
Y un nuevo fuego a mi fuego interno
El alma tiene su oficio de pesadumbres
Que es como un agua de recuerdos
O de árboles que se mueven para parecerse al mar
Siento algo que sube a mis negras regiones
Y que pretende devolverme el cielo
Acaso dar mis ansias a la estrella que quiso apadrinarme
Hay una voz desterrada que persiste en mis sueños
Que viene atravesándome desde mis primeros días
Y que ha cruzado la larga cadena de mis ascendientes
Hay una luz de carne que persiste en mis noches
Que ata a ciertas almas con sus rayos
Hay una esperanza devoradora
Un presagio de cumbre tocada en las manos
Un presagio ascendiendo como una flor de sed
Más poderoso que el centro de las lejanías escuchado por el prisionero
Hay algo que quiere hacer nacer mis modos no nacidos
Los trozos ignorados de mir ser silencioso
Tanto ha quedado en laberintos insaciables
O se han llevado los espejos mortales sin reparar en el peligro de las sombras
Hay una noción de lágrimas y cálidas palabras
Que también han venido atravesando ríos
Y épocas como ciudades enterradas
Hay un trabajo de raíces sin sueño
Y al mismo tiempo una formación de distancias
Por el cual sangraremos a ciertas horas
Hay un latir de cosas que van a madurar tinieblas
Y buscar su palabra precisa para vivir entre nosotros
Buscar su olor distinto como lo busca cada flor
De todo esto será nuestro futuro
Y también hay un goce de campanas deshaciéndose de sus grandes sonidos
¡Oh transparencia de la soledad!
¡Oh libertad de augurio suspendido!
¡Oh filtro de la íntima conciencia que llora su destino!
Has escuchado tanto tu propia voz
Agonizando suspendida de ciertas células
Sin voluntad de espanto…
Escucha ahora la voz del mundo
Mira la vida que ondula como un árbol llamando al sol
Cuando un hombre está tocando sus raíces
La tierra canta con los astros hermanos

1
Mi gente dice que somos hijos e hijas de la Madre Tierra. Que así como nuestra Madre vive bajo el influjo de Kvyen la Luna y de Antv el Sol, que la privilegian con las denominadas Estaciones del Año, cada uno de nosotros es habitado también por todas ellas, aunque siempre hay una que nos preside, dicen. Así, cuando una persona se caracteriza por su solemnidad, se dice que está presidida por la Luna de los Brotes Fríos, el Invierno; si una persona es alegre, está presidida por la Luna del Verdor, la Primavera; si es apasionada, está presidida por la Luna de los Frutos Abundantes, el Verano; si su actitud frecuente es de nostalgia, se dice que esta presidida por la Luna de los Brotes Cenicientos, el Otoño
Hoy, cuando empiezo a ordenar estos apuntes que como Sueños han entrado a habitar mis pensamientos y giran, ruedan, en la conversación que se hace cada día más intensa y tal vez más profunda entre mi espíritu y mi corazón… En su amanecer, la causalidad me despertó con el sonido del viento que ha golpeado mi ventana y la ha vuelto mustia, ocre, color de despedida. “Llegó la Luna de los Brotes Cenicientos”, me está diciendo
Ayer, después del mediodía, en el otoño que me preside (mi interior-exterior), el sonido del aún caudaloso río Allipén -que está al norte de nuestra comunidad- vino a adormecerse entre las ramas del notro, de los hualles y castaños, y en el antiguo bosque que bordea nuestra Casa Azul. Por todas partes anda ensoñándose el río. Cuando sucede esto es señal de que vendrá la lluvia, se sigue diciendo nuestra gente, y así lo comprendemos y constatamos todos
Llueve, llovizna, amarillea el viento en la memoria de mi niñez y de mi ancianidad. La condición dual que nos rige en la totalidad de nuestra existencia. Itro Fill Mogen / biodiversidad: la totalidad sin exclusión, la integridad sin fragmentación de la vida, nos está diciendo la sabiduría de nuestras Ancianas, de nuestros Ancianos. ¿Recuerdas que somos apenas una pequeña parte del universo, abrazados por la dualidad de su energía a la que nos abrazamos? Porque somos hermanos y hermanas de las estrellas y de la brizna del más grande y del más pequeño ser vivo aún no nombrado que nos mira en todo instante desde lo aparentemente invisible, y que nos nombra y nos pide que lo nombremos para por fin mirarse y mirarnos –cara a cara- desde las flores del jardín que son nuestros pensamientos… Por eso, nos seguiremos diciendo: Los insectos cumplen su función. Nada está de más en este mundo. El universo es una dualidad, lo positivo no existe sin lo negativo. La tierra no pertenece a la gente. Mapuche significa Gente de la Tierra
Mas hay también aquellos seres vivos que estaban y desaparecieron, y esos que apenas asoman desde sus estaciones para recordarnos que la palabra añoranza nos acecha desde la acción depredadora de unos pocos que acometen a nuestra Tierra con su codicia y egoísmo, parapetados en la debilidad de nuestra defensa de la naturaleza
Frente a esa triste realidad, nos preguntamos: ¿qué fue de los pudúes, de las tornasoladas cantaurias, de las pequeñas serpientes, de las diversas ranas, y del michay? ¿Qué ha sido del saúco que con sus flores blancas y sus bayas azul negruzco retrocede lentamente hacia las sombras, y de los coleópteros que con su azul acuatizaban sobre el refulgir de los esteros? ¿Qué fue de los ciervos y guanacos y de la dura madera de la luma, y de los saltillos de agua que resplandecían en los cerros de Werere? Ahora, las últimas lloicas y pájaros carpinteros vienen de cuando en cuando a consolarnos
Está amaneciendo y ha dejado de llover. Las bandurrias llenan con sus graznidos nuestro despertar. En el oriente las nubes blancas se transforman en arreboles de la mañana, en esperado fulgor de la imaginación. Después, la luz del optimismo hace suya la tarea de mostrarnos otra vez el cielo azul. Y el sol, el Sol que se ocupa de animar la palidez de nuestra Luna Llena -amada madre Luna- que parece avergonzada por no haber alcanzado a esconder la desnudez de su fertilidad
Bajo los ramales de los castaños y del nogal se van quedando las huellas del otoño. Caen, vuelan las hojas que parecen pájaros que remontan hacia abajo. Poco a poco se irá borrando también la Luna de los Brotes Cenicientos. La vida es breve y maravillosa, nos están diciendo nuestras Abuelas, nuestros Abuelos. Me apresto entonces a contemplar intensamente este tiempo de mi espíritu. Respiro y me dispongo a escuchar la memoria de lo venidero que –como antaño- retorna y es nuevo… una vez más.

CHOMÜNGEN/ EL OTOÑO

kalfu me decía mi abuela
y me traía flores de manzanas…
Elicura Chihuailaf

son las últimas uvas y los primeros membrillos
son las manzanas cayendo con las hojas
las cortinas de álamos remojadas en el río

los fresnos gigantes amarillos como velas encendidas en la noche

lorenzo quilaqueo me dice este chomüng de las hojas
anuncia el último ciclo del año
ya es tiempo de guardar los animales
protegerlos del rigor del frío

hay que volver a las rukas dice
a los lugares reparados para invernada

chomüngen es tiempo de calma/
el suelo se abriga con las hojas
la semilla sueña el árbol que vendrá

tiempo de encender el fuego y vivir las noches largas
de convivir adentro de las casas y volver a contar
los relatos antiguos a los hijos.

En noches como esta
la abuela eufemia preguntaba
por qué los árboles se desnudan para llegar al invierno

de qué hablan las raíces en el sueño de la tierra

nunca pude contestarle esas cosas
hay un lenguaje del mundo que olvidamos

los hombres volvemos a la tierra
sin saber muchas cosas de la tierra
ignoramos
y muchas veces hablamos sin respeto

ahora hay tantos reflejos y variaciones de amarillo
cómo haré para guardarlos en los ojos?

Cómo resistir el invierno sin la memoria del otoño

(en la ciudad el olvido es blanco como una helada)

https://i1.wp.com/fahho.mx/wp-content/uploads/2014/10/Palabras-para-nombrar-al-mundo.jpg

Juego:

cierro los ojos,

imagino que el mundo no existe:

decido inventarlo.

Elijo escuchar el eco de las cosas.

Vislumbro las cosas, la gente, los paisajes,

la vida,

kuxtal.

Percibo los lazos que unen y tocan y abrazan a las cosas

y a las personas:

las cosas que quieren

las cosas que necesitan

las cosas que inventan;

lo que olvidan

lo que sueñan,

ñuma’na.

Miro la tierra,

yu,

dondo habito.

A la mujeres y a la tierra donde caminan,

a los hombres y las casas que erigen

las lenguas que hablamos

los colors de nuestro cuerpo

las voces de nuestras almas

nuestros frutos

tuutú

el silencio de nuestros pasos

y

pienso

quiénes somos,

lo que nombra nuestra palabra.

Paseo la mirada por el mundo

tiento, abrazo,

reconozco

reinvento:

palabra por palabra

diidxa’.

Las palabras se dan la mano y trazan y traman

entre ellas

espacios

nuevas palabras

que penetran en la piel

dan fuego,

k’áak’;

al alma.

Palabras sonido

palabras olor

palabras tacto

palabras mirada

palabras agua

wawé

palabras dolor

palabras sentido

palabras alegría

pakillistli,

palabras guía, madre, hija, padre,

palabras fiesta.

Jugar a inventar el mundo.

Caminar:

un paso, otro más. Y el viento que golpea y la mirada que observa, y el agua que cubre por un momento los ojos porque ha entrado el aire, ese afuera que es también adentro. Y el pensamiento que persigue la hoja que cae del árbol, la banqueta rasgada, la mano que se extiende, el olor que llega sorpresivamente. Y caminar, por el mundo, y detenerse, y pensar que éste puede ser grande o pequeño; estar suspendido en el espacio o guardado en el fondo de la almohada. Que podemos verlo de colores, en blanco y negro o simplemente no verlo; también soñarlo, cultivarlo, andarlo: porque ahí vivimos, amamos, porque en él también morimos y lloramos. Y retomar el paso, detenerse una vez más, y volver a tejer las palabras con la liviandad del pie que renuncia al suelo: y el mundo es entonces, también pájaro, brillo, flor que germina, lluvia, granizo, golpe, abrazo, costra, y cosquilla. Eso que se calienta y se enfría, que está en las manos de la abuela, en los brazos de los padres, en el ladrido del perro. Y correr, con los pies simultáneamente suspendidos, con las ganas de llegar a ninguna parte. Y entonces el mundo es la palabra, el paso, el proyecto, la conquista y la derrota; es esa tinaja, esa figura de barro. Y también es el silencio. Porque el mundo es lo que decimos, y es tú, y es yo, y es nosotros: es norte y es sur, es wawé, y bej, ja’al xokotl, ñuu, haamiko, y ruyaa. Y detenerse por última vez, tocar papelito hecho bola que perdimos en el bolsillo y continuar.”

 

Fuentes Silva, Andrea, and Alejandro Cruz Atienza. Palabras Para Nombrar Al Mundo. Trans. Miriam Uitz May, Hermenegildo F. Lopez Castro, Demian Marin, Ana Paula Pintado, Felipa Perez Lopez, Julio Ramirez De La Curz, and Yasbil Mendoza. Mexico City: La Caja De Cerillos, 2013. Print.

Los evenk, antiguo pueblo del norte de Siberia, creían que el sol, la luna y el cielo eran sus antepasados y el origen de todo lo que existe en la tierra. Creían también que su reino abarcaba las vastas extensiones del Ugu Buga, él mundo de arriba, con sus taigas, sus ríos y sus mares, más allá de la inmensidad de los océanos de Lam Buldyar, dominio de Savaki, el hijo del cielo.
Dylachankur, el sol, señor de la luz y del calor, es la principal figura de la cosmogonía evenk. Todas las mañanas se levanta y ordena a su hijo Garpani que acerque una antorcha de corteza de abedul a la abertura de arriba para iluminar el mundo. A medida que Garpani se va aproximando a la abertura, la claridad invade la tierra y cuando pasa la antorcha a través del boquete despunta el día.
Dylachankur trabaja todo el día para dar calor a los hombres. Cuando corre la cortina que cierra su tienda y reaviva el fuego del hogar, es otoño en la tierra. Una vez que todo el calor queda aprisionado en su enorme bolsa de cuero, dentro de la luna no se ve, pues ha regresado a buscar su ollon, y en el preciso instante en que el sol se su tienda herméticamente cerrada, es invierno. Cuando Dylachankur y sus hijos pasan la bolsa a través de la abertura de arriba y esparcen el calor que estaba encerrado, se funde la nieve, los ríos corren nuevamente y vuelven los tibios días de primavera.

Al despertarse del largo sueño de invierno, el habitante de los cielos, saca chispas con su eslabón para reavivar el fuego de su hogar. Es durante esta época del año cuando se oye el canto del cuclillo, el pájaro chamán, que llega para celebrar el retorno del calor y de la luz y despertar a la primavera. Con el primer trueno y el primer grito del cuclillo, los evenk festejan el regreso de la primavera. Durante ocho días, cantan, bailan y veneran a Dylachankur, que derrama su calor sobre la tierra.
Hace mucho tiempo, Dylachankur tenía una esposa, Bega, la luna. Vivían juntos y sus hijos eran los rayos del sol. Un día que viajaban a través del cielo, Bega olvidó el ollon, el gancho del que colgaba su caldero. Aunque el utensilio era muy importante, Dylanchakur le aconsejó: “No vuelvas sobre tus pasos porque nunca podrás darme alcance.” “Sí” replicó la luna y regresó en busca de su ollon. Lamentablemente, nunca pudo reunirse con Dylachankur y sus hijos y desde entonces corre detrás de ellos. Cuando sale el sol, la luna no se ve, pues ha regresado a buscar su ollon, y en el preciso instante en que el sol se pone, se la ve reaparecer, tratando inútilmente de dar alcance a su esposo.

 

En el Correo de la UNESCO de mayo 1990, En los orígenes del mundo: de los primeros mitos a la ciencia actual