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Sembrar

Äjte’ te’ dzundy
mokaya’
mojk’jäyä
Kedgä’kätpatzi jojmorambä äj’ nwirun’jindam
ngobigbatzi äj’ dzokoyjin tumdumäbä tämbu
jindire’ suñ’gomujsibätzi yä’ Nasakobajk
Nä’ tzambatzi te’ kotzojk’ komi
ojnayajpatzi jach’tanä’ram
Dzemiajpatzi te’ joyjoyeram’
äj’ ore’ maka yayi’angas
mumu’is yajk mujsä juche nkätu äj’ iri yä’ Nasakobajkäjsi

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Soy el sembrador
protector de esta tierra
la flor del maíz
Observo con mis ojos antiguos
elijo con el corazón cada semilla
no es en balde mi conocimiento del mundo
Converso con el dueño del cerro
riño con las plantas malignas
Soy el provocador de los seres invisibles
mi voz se escucha hasta los confines de las montañas
porque nadie podrá negra mi paso por el universo

 

Mikeas Sánchez, en Mojk´jäyä / Mokaya, Editorial Pluralia

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Los justos

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

En lo particular no me gusta la palabra “trabajo”. El ser humano es el único animal que tiene que trabajar, y yo creo que es la cosa más ridícula del mundo. Otros animales consiguen lo que necesitan para sobrevivir viviendo, pero la gente trabaja como loca pensando que necesitan trabajar para mantenerse vivos.
Mientras más grande el trabajo, más grande el reto y más maravilloso creen que es. Lo mejor sería olvidar esa manera de pensar y vivir una vida fácil, cómoda y con mucho tiempo libre. Creo que así es la manera en que viven los animales en los trópicos, saliendo de sus casas en la mañana y tarde para ver qué hay de comer y luego regresando a sus casas a tomar una larga siesta. Esa debe ser una vida maravillosa.
Para los seres humanos, una vida tan simple sólo es posible si uno sólo trabajara para producir directamente sus necesidades diarias. En una vida así, el trabajo deja de ser trabajo como lo conoce la mayoría de la gente, y se convierte en una manera de simplemente hacer lo que se necesita hacer.

 

Masanobu Fukuoka.

Nota: estos textos vienen de Por favor planta este libro, editado por Barba de abejas. Cada poema está en un sobre que tiene adentro semillas de lo que nombra. La edición es una joya, al cuidado del propio traductor, Eric Schierloh

 

Margarita

Ruego para que dentro de treinta y dos años
estas flores y vegetales
rieguen el Siglo Veintiuno
con sus voces diciendo que
ellos una vez fueron un libro que se volvió
vida gracias a manos llenas de amor.

 

 

Lechuga

La única esperanza que nos queda son nuestros
niños y las semillas que les damos
y los jardines que plantemos juntos

 

 

Caléndula

Mis amigos se preocupan y me
lo dicen. Hablan del fin
del mundo, de las tinieblas y del desastre.
Yo siempre los escucho tranquilo, y después
les digo: No, no va a terminar. Esto
es sólo un comienzo, como este libro
que es sólo un comienzo.

 
Calabaza

Es el tiempo justo para mezclar sentencias
sentencias con la tierra y el sol
con la puntuación y la lluvia y
los verbos, y para los gusanos de atravesar
las incógnitas marcadas y para
las estrellas de brillar bajo incipientes
nombre, y para el rocío de formar
párrafos.

 

 

Richardo Brautigan, en Por favor plante este libro, editorial Barba de Abejas (traducción de Eric Schierloh)