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Sueños

El álamo negro

Despojado en apariencia
de toda vida
y vivo.

Así lo recuerdo
parado y puro
y desierto
por entero de hojas.

Ese árbol era
un álamo negro
pero nosotros nunca
le dimos un nombre.

Era el árbol.
Era real
y era un sueño
que habíamos tenido.

Todavía frondoso
cantaba al principio del otoño
entre los vientos
con tal belleza
que se quedaba uno
hechizado al paso
y sin saber por qué
también cantaba
de vuelta a la casa
por las noches.

Fue el gran espíritu
de una calle sin historia
en la que crecimos
pequeños y frágiles
derivando en un río
de luz incomprendida.

Oh, cuánto hubiésemos querido
crecer y cantar como ese árbol.
Altos y sin temor
y unidos a la vida
con raíces tan hondas.

Pero nacimos débiles
como ciertos pájaros
y a la hora del crudo invierno
volamos lejos.

A veces sueño
reencarnar
en una hoja de ese árbol.
En mi sueño caigo
dulcemente a sus pies
y allí de nuevo
por un instante
todo es uno.

 

Sonia Scarabelli, extraído de http://lamanzanaenelgusano.blogspot.com.ar/

Vos sabéis, amigo mío, que para los espíritus soñadores, todas las partes de la naturaleza, incluso las más dispares a primera vista, están unidas entre sí por una infinidad de armonías secretas, hilos invisibles de la creación que el contemplador percibe, que hacen del gran todo una inextricable red, que vive una vida única, alimentado por una única savia, uno en la variedad y que son, por decirlo así, las propias raíces del ser. Así, para mí, existe una armonía entre el roble y el granito, que despiertan, uno en el orden vegetal, otro en la región mineral, las mismas ideas que el león y el águila entre los animales: poder, grandeza, fuerza y excelencia. Existe otra armonía, todavía más oculta, pero igual de evidente para mí entre el olmo y la arenisca.

Victor Hugo, Los Pirineos

Pasarero
Pasa este río, qué pasarero
cuando la luna se cae al cielo
y un velo negro vela este sueño.
Sueño soñado, sueño sediento
de amaneceres que van creciendo
con el espejo manso del río
y mil canoas que va meciendo.

Pasa este río, qué pasarero
mece que mece, río siestero
mece un soleado borde de Enero,
mece su canto con voz de pena
pena que pena la pena muda
pena que pasa, pena que queda
en todo un pueblo que da y espera.

Pasa este río, qué pasarero
cuando amanezca volverme quiero
y ver el día, qué volverero
en que la luna robe del río
el espejado sendero inquieto
y camalotes de limpio vuelo
vistan ciudades de verde nuevo.

Pasa este río, ¡qué pasarero!
y camalotes de limpio vuelo

Silbo en la oscuridad
Animal sin reposo
Torres de la vigilia
candela de los ojos
No se que pueda ser
si una curva del tiempo
o un hueco en el corazón atento

Trigo sobre el brocal
para que coma el hambre
y abajo el peligroso
agujero de la sangre
No hallo, no puedo ver
mas que la noche alerta
y el misterio detrás
de las puertas

Sueñero, jinete sin descanso
Sueñero, sobre un papel en blanco
Sueñero, centinela de mi alma
Sueñero, duérmete y dame calma

Llevo cada mitad
abajo como dos ríos gemelos
uno cruza la tierra,
el otro fluye en el cielo
El de la oscuridad
no conoce el olvido
desvelado en seguir
lo perdido

Ay, este toro azul
fatigado y sediento
de correr tras la nada
como la luz y el viento!

Ardo sin preguntar
igual que lo hace el fuego
tal vez halle cantando
el sosiego

Sueñero, enigma de un penitente
sueñero, andando entre los durmientes
sueñero, espina de las estrellas
sueñero, olvidate de ella.

 

 

CHOMÜNGEN/ EL OTOÑO

kalfu me decía mi abuela
y me traía flores de manzanas…
Elicura Chihuailaf

son las últimas uvas y los primeros membrillos
son las manzanas cayendo con las hojas
las cortinas de álamos remojadas en el río

los fresnos gigantes amarillos como velas encendidas en la noche

lorenzo quilaqueo me dice este chomüng de las hojas
anuncia el último ciclo del año
ya es tiempo de guardar los animales
protegerlos del rigor del frío

hay que volver a las rukas dice
a los lugares reparados para invernada

chomüngen es tiempo de calma/
el suelo se abriga con las hojas
la semilla sueña el árbol que vendrá

tiempo de encender el fuego y vivir las noches largas
de convivir adentro de las casas y volver a contar
los relatos antiguos a los hijos.

En noches como esta
la abuela eufemia preguntaba
por qué los árboles se desnudan para llegar al invierno

de qué hablan las raíces en el sueño de la tierra

nunca pude contestarle esas cosas
hay un lenguaje del mundo que olvidamos

los hombres volvemos a la tierra
sin saber muchas cosas de la tierra
ignoramos
y muchas veces hablamos sin respeto

ahora hay tantos reflejos y variaciones de amarillo
cómo haré para guardarlos en los ojos?

Cómo resistir el invierno sin la memoria del otoño

(en la ciudad el olvido es blanco como una helada)