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Maestro

“La práctica del movimiento me llevó a descubrir al hombre humanamente.
Cuando sucede esto, se siente el verdadero amor.
La práctica de la expresión me permitió descubrir la necesidad que tenemos de liberarnos y el miedo que tenemos de que esto se produzca.
La práctica del ritmo me permitió conectarme con mi mundo emocional y a través de él, descubrir los ritmos de cada pueblo, desde el nuestro. (No confundir ritmo con coreografía o compás).
El Hatha Yoga me permitió descubrir el mundo en sus distintas dimensiones, mis resonadores y mi responsabilidad en la relación entre mi personalidad y mi ego, y entre mi esencia y mi sensibilidad y cómo estaba yo ubicada en todos estos aspectos y qué relación tengo Yo personalidad con todo esto.
La Plástica Griega me permitió conocer e identificar la expansión psicofísica y tener la experiencia de lo que realmente significa un instante armónico entre el cosmos y mi todo.
La información y la comunicación telepática me permitió sacar conclusiones y me ayudó a meterme a experimentar lo que intuía.
La intuición fue mi acicate para buscar informarme permanentemente.
Tenía miedo y no quería equivocarme. El miedo a equivocarme me llevó a informarme en todo lo que podía encontrar y como no encontré muchas explicaciones, me entregué a experimentar personalmente.
Como no podía ni puedo quedarme con lo que adquiero y necesito exteriorizarlo, comencé a contar lo que me acontecía. Contando, encontré quienes se interesaron en hacer la experiencia y así pude experimentar y comprobar. Descubrí las leyes.
Por suerte encontré muchas personas a quienes les interesaba lo que hacía y hago. Desde luego que cada uno sigue la experiencia mientras lo necesita y esté en el campo de su interés.
Lo que he descubierto no es nuevo. Es tan antiguo, bueno, como el hombre…”
Susana Rivara de Milderman del Libro: “Hacia el equilibrio entre la Ética y la Estética

Filosofía, lo escuchamos cuando ocupábamos un banco en la escuela, quiere decir “amor a la sabiduría”, o sea que lo valioso no es tal o cual filosofía sino aquello de lo que ella está enamorada, aquello que enamora al pensamiento: la sabiduría.
Etimológicamente, “sabiduría”, viene de la palabra latina “sapere”, de la cual derivan dos palabras: “saber” y “sabor”, dos palabras que indican lo mismo: un saber que sabe, gustándola, de qué se trata la vida. Un saber que come el fruto de la vida, no un saber teórico “sobre” la vida. Si la filosofía es la transmisión de lo pensado, la historia del pensamiento, la sabiduría es el testimonio de lo experimentado, la experiencia de la vida misma, de su gusto.
Sabio no es quien pensó la vida sino quien dejó que la vida le diga lo que ella misma aprendió viviéndolo a él, quien dejó que la vida le entregue su sabor: le revele su sentido. No el sentido que él le da a la vida sino el sentido que la vida misma es: su darse, su entregarse.
En general el hombre sabio no dice su sabiduría: la muestra. Le encarna vida, una vida que, por eso mismo, irradia sentido, se muestra sabia. El sabio es un testigo, no un profesor. Lo suyo no es impartir un conocimiento sino testimoniar una experiencia y por eso, porque en sus palabras está involucrada y manifestada su vida, más que profesor es “maestro”. Enseña lo que vive, no lo que sabe, o, en todo caso, sabe viviendo, testimoniando la vida.
El testigo de la vida, el sabio, da testimonio, no ejemplo. El ejemplo siempre implica un “piensa como pienso yo”, un “imítame a mí”, en cambio en el testimonio el valor se pone en lo experimentado, en la vida, no en quién la experimenta. El testigo se borra para que aparezca lo testimoniado, para que aparezca en aquel que recibe el testimonio. Quien da testimonio, quien se pone como ejemplo, por el contrario, busca atraer, retener, no dar.
La vida da, siempre y a todos, la posibilidad de experimentar un nacimiento y una muerte, un tiempo de desamparo y un tiempo de cobijo, el peso de un error y la libertad de un perdón, da la soledad y da el amor…La vida da a todos, y siempre, su decirse, su manifestarse: su experiencia.
Sabio no se es de una vez para siempre, sabio es el sostenimiento de una relación con la vida, es una escucha a la vida, a su decirse, su revelarse, su contarnos en lo que nosotros vive y vivió. El sabio sabe, va sabiendo y respondiendo, a eso que da la vida: la propia vida de quien la vive. Su unicidad, su singularidad, no es cuantitativa, no es singular por ser una sino por ser irrepetible, por ser original. Por ser ese don de ella que somos cada uno de nosotros, eso que respondiendo vamos siendo, vamos viviendo.
Quizá haya una sola condición para devenir sabio, para encarnar la vida conscientemente, vitalmente: hacerse vulnerable a ella, exponerse a lo que nos trae, padecer lo que nos ofrece: dejarnos tocar. Permanecer cercano a su temblor inicial, a la vida antes de separarse de ella misma, antes de transformarse en nuestro plan, en nuestro proyecto, en eso que suele ser mero interés o usufructo, eso que más que vivir es funcionar.
El “vivir” del “funcionar”, el sentido del sinsentido, están separados apenas por un paso: el paso apurado, el de la rapidez, el que nos saca de la vida, el que no lo marca el latido sino el reloj. Por esto, tal vez, hay tan pocos sabios, por esto, tal vez, corremos tanto, giramos, sin saber detrás de qué.

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Desbautizar el mundo,
sacrificar el nombre de las cosas
para ganar su presencia.

El mundo es un llamado desnudo,
una voz y no un nombre,
una voz con su propio eco a cuestas.

Y la palabra del hombre es una parte de esa voz,
no una señal con el dedo,
ni un rótulo de archivo,
ni un perfil de diccionario,
ni una cédula de identidad sonora,
ni un banderín indicativo
de la topografía del abismo.

El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.

El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.

La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.

Cap. V: “La aventura del héroe”

MOYERS: ¿Por qué hay tantas historias de héroes en la mitología?

CAMPBELL: Porque es lo que vale la pena escribir. Hasta en las novelas populares, el personaje principal es un héroe o heroína que ha hallado o hecho algo más allá de los logros y experiencias normales. Un héroe es alguien que ha dado su vida por algo más grande que él mismo.

M: Entonces, en todas las culturas, sea cual sea la indumentaria local que lleve el héroe, ¿cuál es la hazaña?

C: Bueno, hay dos tipos de hazaña. Una es la hazaña puramente física, en la que el héroe realiza un acto de valor en la batalla o salva una vida. El otro tipo de hazaña es espiritual en la que el héroe aprende a experimentar el espectro supranormal de la vida espiritual humana y luego vuelve con un mensaje. La aventura usual del héroe empieza con alguien a quien le han quitado algo, o que siente que falta algo a la experiencia normal disponible y permitida a los miembros de una sociedad. Esta persona entonces emprende una serie de aventuras más allá de lo ordinario, ya sea para recuperar algo de lo perdido o para descubrir algún elixir que da vida. Usualmente es un ciclo, una ida y una vuelta. (…) Se trata de una transformación psicológica fundamental que todos deben superar. En la infancia nos hallamos en una condición de dependencia bajo la protección y supervisión de alguien (…) De ningún modo eres un agente libre y responsable, sino alguien dependiente que obedece, y espera y recibe castigos y recompensas. Evolucionar de esta posición de inmadurez psicológica hasta el valor de la responsabilidad y la seguridad en sí mismo exige una muerte y una resurrección. Es el tema básico del periplo del héroe: salir de una condición y encontrar la fuente de la vida para regresar maduro y enriquecido.

M: ¿Qué significan las pruebas, exámenes y ordalías que debe sufrir el héroe?

C: Si consideramos las intenciones, las pruebas están destinadas a comprobar si el supuesto héroe lo es de verdad. ¿Está a la altura de su tarea? ¿Puede superar los peligros? ¿Tiene el valor, el conocimiento, la capacidad, que le permitan servir a los demás? (…) Si comprendes cuál es el verdadero problema (perderte a ti mismo, entregarte a algún fin superior), comprendes que eso es en sí mismo la prueba definitiva. Cuando dejamos de pensar en primer lugar en nosotros y en nuestra supervivencia, sufrimos una transformación realmente heroica de la conciencia. Y de eso tratan todos los mitos, de la transformación de una especie de conciencia en otra. Has estado pensando de un modo, ahora tienes que pensar de otro.

M: Entonces, ¿el heroísmo tiene un objetivo moral?

C: El objetivo moral es el de salvar a un pueblo, o salvar a una persona, o apoyar una idea. El héroe se sacrifica por algo… ahí está la moralidad del asunto.

M: ¿Tu estudio de la mitología te lleva a concluir que existe una única búsqueda humana (…)?

C: Existe un cierto tipo de mito que podría llamarse la búsqueda visionaria, salir en busca de una gracia, una visión, que tiene la misma forma en todas las mitologías. (…) Sales del mundo en el que vives y vas a una profundidad o una distancia o una altura. Allí encuentras lo que le faltaba a tu conciencia en el mundo donde antes habitabas. Después se plantea el dilema de aferrarse a eso, y dejar que el mundo se haga mil pedazos, o volver con esa gracia y tratar de conservarla al entrar nuevamente en tu mundo social. No es fácil.

M: ¿Y si el héroe vuelve tras superar sus pruebas, y el mundo no quiere lo que él le trae?

C: Ésa, por supuesto, es una experiencia normal. No siempre el mundo rechaza el don, sino que no sabe cómo recibirlo y cómo institucionalizarlo.

M: La gente habla de “ponerse en contacto con uno mismo”. ¿Qué crees que significa?

C: Es muy posible que uno llegue a estar tan influido por los ideales y dictados de su medio que no sepa lo que realmente quiere y lo que podría ser (…) Te han dado instrucciones precisas de lo que debes hacer en cada momento de tu vida (…).

M: ¿Qué nos dice la mitología sobre cómo ponernos en contacto con esa otra persona que es nuestra persona real?

C: La primera instrucción sería seguir los indicios del mito mismo y de tu gurú, tu maestro, que se supone que lo sabe (…) Un buen modo de aprender es encontrar un libro que se ocupe de los problemas con los que te enfrentas (…) Lo que hay que hacer es aprender a vivir en tu período de la historia como un ser humano. Eso es algo distinto, y puede hacerse.

M: ¿Cómo?

C: Aferrándote a tus propios ideales (…) rechazando las exigencias impersonales que te impone el sistema.

CAMPBEL: Tenemos dos clases de héroe: el que elige emprender el viaje y el que no. En una clase de aventura el héroe parte con responsabilidad e intencionalidad a realizar una hazaña. Por ejemplo al hijo de Ulises, Telémaco, le dijo Atenea: “Ve a buscar a tu padre”. Esa búsqueda de padre es una importante aventura heroica para la juventud. Es la aventura de encontrar tu carrera, tu naturaleza, tu fuente. La emprendes intencionadamente. O está la leyenda de la diosa sumeria del cielo, Inanna, que bajó al mundo subterráneo y se enfrentó a la muerte para devolver a su amado a la vida. Después hay aventuras en las que te encuentras metido, por ejemplo cuando te enrolan en el ejército. No lo querías hacer, pero ya estás ahí. Haz sufrido una muerte y resurrección, te has puesto un uniforme, eres otra criatura.

(…) MOYERS: ¿El aventurero que emprende esa clase de viaje es un héroe en el sentido mitológico?

C: Sí, porque siempre está dispuesto. En estas historias, al héroe le sucede la aventura para la que estaba preparado. La aventura es una manifestación simbólica de su carácter. Hasta el paisaje y las condiciones del ambiente se ponen de acuerdo en esta predisposición.
(…) C: Nuestra vida desarrolla nuestro carácter. A medida que avanzas descubres más sobre ti mismo. Por eso conviene ponerse en situaciones que hagan surgir tu naturaleza más elevada y no la más baja. “Y no nos dejes en la tentación”.

M: Pero ¿una sociedad necesita héroes?

C: Sí, creo que sí.

M: ¿Por qué?

C: Porque tiene que tener imágenes fijas, como astros, para ser coherentes todas estas tendencias a la separación, para reunirlas en alguna clase de intencionalidad.

M: Para seguir un camino.

C: Creo que sí. La nación debe tener de algún modo una intención, para operar como un poder único.

M: A veces pienso que deberíamos sentir compasión por el héroe, más que admiración. Muchos de ellos han sacrificado sus propias necesidades por el prójimo.

C: Todos lo han hecho.

M: Y con frecuencia sus logros son destruidos por la incomprensión de sus seguidores.

C: Muchos de ellos dan sus vidas. Pero el mito también dice que de la vida entregada surge una vida nueva. Puede no ser la vida del héroe, pero es una vida nueva, un modo nuevo de ser o devenir. (…) Un héroe legendario suele ser el fundador de algo: en fundador de una nueva época, de una nueva religión, de una ciudad, de un modo de vida nuevo. Para fundar algo nuevo, es preciso abandonar lo viejo e ir en busca de la idea semilla, la idea germinal que tendrá la potencialidad de dar a luz lo nuevo. (…) También podría decirse que la fundación de una vida, de tu vida o la mía, si vivimos nuestras vidas en lugar de imitar alguna ajena, proviene así mismo de una búsqueda. (…) Hoy el mundo es distinto de cómo era hace cincuenta años. Pero la vida interior del hombre es exactamente la misma.

(…) C: Los mitos inspiran la realización de la posibilidad de tu perfección, la plenitud de tu fuerza y el aporte de luz solar en el mundo. Matar monstruos es matar las cosas oscuras. El mito te atrapa en tu interior.

M: ¿Cómo mato a ese dragón que hay en mí? ¿Cuál es el viaje que cada uno tiene que hacer, lo que tu llamas “la elevada aventura del alma”?

C: Mi fórmula general para mis estudiantes es: “Seguid el camino de vuestro corazón. Encontrar dónde está, y no temas internaros allí”. (…) Si el trabajo que estás haciendo es el que elegiste hacer porque lo disfrutas, entonces es el trabajo. Pero si piensas: “¡Oh, no! ¡ No podría hacerlo!”, es el dragón bloqueándote el paso.

M: En este sentido, a diferencia de héroes como Prometeo o Jesús, no partimos en nuestro viaje para salvar al mundo sino para salvarnos a nosotros mismos.

C: Pero al hacerlo, salvas al mundo. La influencia de una persona vital vitaliza, de eso no hay duda alguna. El mundo sin espíritu es un terreno baldío. La gente tiene la idea de que se puede salvar el mundo cambiando las cosas de lugar, cambiando las reglas, cambiando de lugar a los que mandan, y cosas así. ¡No, no! Cualquier mundo es válido si está vivo. Lo que hay que hacer es darle vida, y el único modo de hacerlo es hallar en tu propio caso dónde está la vida y volverte vivo tú mismo.

“El poder del mito”
Joseph Campbell en diálogo con Bill Moyers
Emecé Editores, Barcelona, 1991

-Si uno rastrea en los orígenes de Corrientes, observa que el correntino es diferente a sus vecinos, que tiene una identidad propia y distintiva. ¿Cuánto de esas particularidades se la debe al guaraní?

-Hace 4.500 años que el guaraní llegó a Corrientes. Los nombres de nuestros lugares, nuestras actitudes, nuestras costumbres, nuestra manera de ser son guaraníes. Y eso implica un idioma con un contenido poético increíble. Cabeza en castellano no tiene nada de poesía, pero en guaraní significa el hueso que contiene el alma. Niño es cunumí, que en guaraní significa pequeña ternura. Lo mismo si digo otoño, que significa el tiempo de las hojas caídas. Estoy escribiendo un libro sobre eso, sobre la metáfora guaraní, tema que empecé a tratar en los años 80.
Tenemos un origen ancestral guaranítico que no se perdió. No se puede borrar del mapa una cultura por una ley, por un decreto. En 1770 Carlos III prohibió hablar cualquier idioma aborigen. Las actas de los gobiernos se hacían en guaraní. Hoy en día se habla pero no se escribe y eso me preocupa porque estudio la etimología de las palabras y no estudiando eso se pierde lo bello del idioma. Ninguna cultura alcanza la belleza metafórica del guaraní. Y hubo quien dijo que donde comenzaba el guaraní terminaba la civilización. Lo dijo un prócer que tiene estatuas por todos lados. Pasaron cosas terribles con el guaraní: hacia 1825 en Itatí vivían guaraníes con guaraníes, pero extinguieron el Cabildo Indio de Itatí y se repartieron los bienes: le sacaron hasta la corona de la virgen en los años de Bernardino Rivadavia. Y en 1856 prohibieron los apellidos guaraníes. Y todo venía de los guaraníes de Itatí: las artesanías, la música. La clave es cambiarte la cultura. Por eso hay que ver la etimología de las palabras, donde está el origen de las cosas.(…) Los habían obligado a cambiar el apellido, pero los pájaros, los ríos, los árboles, son guaraníes.

Donde nace el chamame.

Pocho habla bajo, lento, correcto, con el dulce sabor de su provincia, esa especie de música que el correntino tiene en sus palabras. Hace 32 años tiene un programa en AM Radio Corrientes. Hace una década está al aire en FM Radio Universitaria y lleva un cuarto de siglo en FM Capital. (…)

-¿Cuál es la relación del guaraní con la música?
-El guaraní tiene dos tipos de música, la sacra, que es el chamamé, un rezo danza para los días de lluvia. Chamamé significa “estar en la lluvia con el alma mía”. Para el guaraní la palabra era el alma. Y era un canto rezo para los días de lluvia. La lluvia era el bien más preciado que Dios le regalaba para equilibrarles el alma y la mente, además de ser utilitaria para sus cosechas. Las reuniones entre los más sabios de la tribu se hacían los días de lluvia y se llamaban AMANDAYÉ, que quiere decir amar la lluvia y lo que dice la lluvia. Se habla poco de estos temas en los encuentros de folklore. El sapucay no es ese grito que pegan ahora: esto es burdo, un invento de los gringos para dejarlos bajos a los guaraníes. Sapucay significa “le quema el sonido en los ojos”, porque era un canto pronunciado en voz muy alta, con el que se adoraba a Dios y se le pedía que no finalizara el mundo en los días de eclipse. El sapucay era para los días de eclipse.

-¿Por eso el chamamé es una religión para el correntino, no?
-El guaraní no rezaba arrodillado sino que rezaba en ronda: era un rezo danza. El chamamé significaba para el guaraní crear la palabra mientras danzamos en ronda. Cuando llega el jesuita, con la religión católica, el chamamé sigue atado a lo religioso, pero antes el chamamé era sólo canto, pronunciado con el instrumento de Dios. Después vienen la guitarra y el acordeón, con las misiones jesuíticas. Es posible que haya llegado desde Europa el acordeón, pero una investigación propia aleja cada vez más esa chance: un trabajo habla del chamamé tocado en 1841 con acordeón y guitarra, por Francisco Reyes Ortiz, un granadero de San Martín que se hizo cura. Se encuentran muchas cosas andando. Los guaraníes tienen danzas que imitan a los pájaros.

Tocar con el corazon.

Pocho es un juntador de libros: tiene más de 20 diccionarios de lenguas aborígenes; bibliografía guaranítica, franciscana y jesuítica; videos, láminas y casetes de audio, con testimonios vivenciales y música correntina antigua. Pero también es un coleccionista de sonidos, propios y extraños, con 34 obras integrales registradas. (…)  “Tocar es lo mismo que acariciar a la guaina (novia): uno conoce célula por célula de su guaina, como conoce cuerda por cuerda su guitarra. La música no es una ciencia: es un sentimiento que se toca”.

Anda lento el hombre que renunció a ser una celebridad nacional para ser un mito correntino: nunca quiso salir de su lugar, de la casa repleta de libros, de diarios, casetes, de discos. El autor de Pueblero de Allá Ité elige estar cerca del río, en su modesta casa. “De lo que sé, sé que no sé nada. Por eso me quedé siempre en Corrientes.”

 

Fragmento de nota a Pocho Roch. Por Esteban Raies. Revista El Federal. Corrientes.

http://elfederal.com.ar/nota/revista/24284/no-hay-una-cultura-mas-bella-que-la-guarani

 

TRANSCRIÇÃO DO “PORANDUBA”- Escuela Granada. Facilitadora Nicia Grillo. 2012. Río de Janeiro.

A Criação do Mundo na versão Tupi Guarani, contada por Kaká Werá Jecupé

No começo de tudo, quando não havia tempo ainda, havia Yamandu. Yamandu é “o silêncio que tudo ilumina”, é o ancestral de todos os ancestrais. Num determinado dia, dentro da própria luminosidade Yamandu, que é mais que qualquer sol, Yamandu quis conhecer a dimensão de si mesmo. Foi quando ele se encolheu, dentro do Grande Início, e recolheu dentro de si mesmo e viu que era vasto. Yamandu quis conhecer toda a dimensão de si, então se transformou numa coruja. Não essa coruja que nós vemos agora, mas a coruja primordial. E como coruja Yamandu se viu dentro da Grande Noite e viu que era vasto. Yamandu queria conhecer a sua altura, o seu comprimento, então se transformou num colibri: Mainu, na língua guarani. E como Mainu, o colibri, Yamandu conseguiu voar velozmente em todas as dimensões de si: voou acima, abaixo e ao centro. E viu que era vasto. Então Yamandu, o silêncio sagrado, luminoso, quis conhecer a totalidade de si, foi quando se recolheu dentro de si mesmo e se transformou num gavião real, Macauã. E com Macauã ele voou na mais longe das alturas e viu a totalidade de si. Então ele pensou: “Precisamos criar mundos”.
Foi então que ele cantou e do seu canto as estrelas começaram a nascer. E ele cantou, cantou e cantou, até quando num determinado momento ele disse:
– Os mundos todos estão criados.
Foi então que ele se recolheu dentro de si mesmo e se transformou num Grande Sol. E do ventre desse Grande Sol, Coaracy, é que nasceu Tupã. Tupã, nascido do próprio coração de Yamandu, começou a cantar ajudando Yamandu a criar os mundos.
Mas um dia Tupã sonhou com a nossa Mãe Terra. Foi quando ele criou do seu próprio pensamento um petenguá. Petenguá é um cachimbo sagrado. E através do petenguá ele soprou o espírito da futura Mãe Terra. E o espírito da futura Mãe Terra ficou viajando pelo espaço, se alongando, se transformou numa serpente luminosa e prateada. Até o momento em que ela escolheu um lugar e disse:
– É aqui.
E naquele lugar ela se enrodilhou e adormeceu. Ela se transformou numa tartaruga, um imenso jabuti.
Algum tempo depois Tupã foi seguindo o rastro do espírito da Terra que havia sido deixado pelo espaço, no grande céu, até chegar ao lugar onde havia escolhido para adormecer e sonhar. Tupã olhou e no casco da grande tartaruga desenhou as futuras montanhas, os futuros vales, os futuros rios, desenhou as futuras cachoeiras. E pensou:
“É preciso pôr alguém ali para continuar a Criação. Eu tenho muitas tarefas para fazer”.
Então Tupã, do seu próprio coração, criou o nosso primeiro ancestral, Nhanderovussu, o primeiro ser humano. Só que naquele tempo ele era alado. Nós o chamamos também de Avadiquaquá, “o primeiro adornado”. E quando Tupã disse: “Vai, vai continuar a criação lá na Terra”, nosso primeiro ancestral não sabia como andar na Terra, não sabia habitar na Terra. Foi então que ele retornou a Tupã e disse:
– Mas eu não sei viver na Terra.
E Tupã falou:
– Procure as quatro direções. Em cada direção você encontrará um “nhendejara”, um professor, um guia
E Tupã foi embora.
Nhanderovussu, nosso primeiro ancestral, então voltou à Terra e foi em direção ao Sul.
E no Sul ele viu uma palmeira azul, Endovidju. Nhanderovussu, nosso primeiro ancestral, foi até a palmeira azul e disse:
– Ei , você! Você pode me ensinar alguma coisa sobre viver aqui na Terra?
Endovi disse:
– É claro que eu posso, entra em mim e você vai aprender a viver na Terra.
Então Nhanderovussu entrou na palmeira e se tornou a própria palmeira.
Foi quando sentiu pela primeira vez, através das raízes, o que era estar na Terra. E viu que era muito bom. E foi ficando, foi ficando, foi ficando…
Até que um dia Endovidju disse:
– Você já aprendeu muito comigo. Pode ir embora.
Nhanderovussu, nosso primeiro ancestral, saiu da palmeira e foi em direção ao Norte. E no Norte encontrou uma rocha. Ele olhou para Rocha e disse:
– Você pode me ensinar alguma coisa sobre viver aqui na Terra?
A rocha disse:
– Claro. Entra em mim que você vai aprender.
Então Nhanderovussu entrou na rocha e se tornou a própria rocha. E ficou meditando, olhando os poentes e os nascentes. Muito, muito, muito tempo depois a rocha disse:
– Você já aprendeu comigo o que tinha que aprender. Pode continuar a sua jornada. Sai.
Nhanderovussu saiu. E foi em direção ao oeste. Foi quando ele encontrou a primeira onça ancestral, Yauaretê. Ele disse pra ela:
– Você pode me ensinar alguma coisa sobre viver aqui na Terra?
Ela disse:
– Claro. Entra em mim.
Foi quando pela primeira vez Nhanderovussu sentiu o cheiro da Terra, olhou a Terra com os olhos de onça, pisou na Terra com quatro patas. Andou, depois correu. E viu que era muito bom estar aqui na Terra. Então Yauaretê, a onça ancestral, disse:
– Pronto, você já aprendeu comigo, agora sai.
E deixou Nhanderovussu no pé de uma montanha, ao leste. Nhanderovussu olhou para o alto da montanha e viu que ali tinha uma gruta, bem no alto, e dessa gruta saía uma luz que lhe chamou a atenção. E ele subiu …
Quando chegou no interior da gruta ele viu que essa luz saía de uma serpente prateada, que estava sentada, enrolada no chão, e o mirava silenciosamente. Nhanderovussu perguntou:
– Quem é você?
Ela disse:
– Eu sou o Espírito da Terra.
– Ah! Então você pode me ensinar alguma coisa sobre viver aqui.
– Mas é claro que eu posso.
– Então me mostre.
Então o Espírito da Terra foi recolhendo do próprio chão a poeira e o barro, e foi formando um assento: os dois pés … foi formando um tronco, um corpo, uma cabeça, todo de barro. Colocou dois cristais no alto da cabeça, umedeceu com as gotas que caíam do alto da caverna e disse para Nhanderovussu:
– Entra aqui que você vai aprender sobre a Terra.
Nhanderovussu entrou naquele corpo de barro, naquele assento, e foi a primeira vez que ele conseguiu andar sob dois pés. Ele saiu em direção à entrada da gruta porque o sol brilhava lá fora e ele viu pela primeira vez, com os olhos de cristal, todo o horizonte, e disse:
– Isso é muito bonito. Isso é muito bonito.
Foi então que Nhanderovussu percebeu que a Terra era maravilhosa e seu coração entoou um canto.
A mãe Terra, que nós chamamos de Nhandessi, disse para ele:
– Eu preciso te falar algumas coisas. Você tem o poder que vem da própria Terra, a qual você está portando. Você também tem o poder das águas, você tem o poder das pedras e tem o poder das plantas. Presta atenção nisso. Esse é um presente que eu te dou, quando eu teci esse assento que você porta. Agora você também tem um poder maior, você tem o poder de Tupã. Preste atenção em cada palavra. Tudo que sair da sua boca é um espírito vivo.
Nhanderovussu agradeceu os ensinamentos da Mãe Terra e ficou pensando em tudo aquilo enquanto caminhava olhando toda a criação que Tupã havia deixado: as montanhas, o céu, o chão. Então de repente ele olhou para o céu azul e disse:
– Arara!
E da palavra “arara” nasceu a primeira arara, o primeiro pássaro azul. Ele ficou espantado e disse.
– Nossa! Araraí!
E nasceu uma arara pequena.
– Arararuna!
E nasceu a arara vermelha.
E começou a falar coisas que lhe vinham na cabeça:
– Tucano! Mainu! Mainuí! Araponga!
Da sua boca nasceram muitos pássaros. E os pássaros nasciam e voavam. E ele continuou andando e experienciando aquela sensação. Ele olhou então para o rio e disse:
– Pirarucu!
E nasceu o primeiro peixe.
– Tambaqui!
E outro peixe nascia.
E foi falando muitos nomes que viraram peixes. Muitos e muitos nomes. Ele olhou para o chão e falou:
– Djacaré!
E ele olhou para o lado e disse:
– Panambi!
Nasceu a primeira borboleta.
E ele foi cantando nomes:
– Paca! Tatu! Cotia …
(A cotia não. A cotia veio muito tempo depois.)
E ele foi cantando, cantando, cantando nomes. Até o dia que ele olhou para os lados e viu que estavam todos os seres criados: os seres das águas, os seres do céu, os seres da terra.
Ele voltou até aquela gruta e encontrou novamente com o espírito da Terra e disse:
– Nanhandessi – que é “a Sagrada Mãe” – eu vim te devolver o corpo que você me emprestou, porque eu aprendi a viver na Terra e porque eu aprendi a criar na Terra.
A mãe Terra disse:
– Não precisa me devolver, fica contigo. É seu para sempre.
Nhanderovussu falou:
– Não! Mas eu devolvi para a palmeira quando a palmeira me ensinou. Eu devolvi para a rocha quando a rocha me ensinou. Eu devolvi para a onça quando a onça me ensinou.
Nhandessi, a nossa mãe Terra, falou:
– Não, não precisa me devolver.
Precisa, não precisa … Até que a mãe Terra disse:
– Olha, faz o seguinte: anda mais um pouco pelo mundo, vive mais um pouco a sua experiência nesse chão, depois quando você realmente cansar você não precisa mais vir até mim; abre um espaço em qualquer lugar e entregue esse manto que eu te dei.
Então assim foi feito. Nhanderovussu desceu e continuou a cantar. Cantou durante muito tempo, cantou muitas coisas. Muitas vidas nasceram. E as vidas que foram nascendo foram fazendo amizade umas com as outras e também com Nhanderovussu. Até um dia em que ele disse:
– Agora eu me vou.
Abriu um espaço numa clareira na floresta, entregou o manto que a mãe Terra havia lhe dado nesse espaço e ficou somente o seu espírito. E voou e se transformou no Sol. Esse Sol que nós vemos hoje é Nhanderovussu, nosso primeiro ancestral.

…………

La creación del mundo.

En el comienzo de todo, cuando no había ni tiempo todavía, estaba Yamandú.
Yamandú es el silencio que todo lo ilumina, es el ancestro de todos los ancestros.
Un día dentro de su propia luminosidad Yamandú, que es más que cualquier sol, quiso conocer la dimensión de sí mismo. Fue cuando se encogió dentro del gran inicio y recorrió dentro de sí mismo y vio que era vasto.
Yamandú quiso conocer toda dimensión de sí entonces se transformó en una lechuza. No esa lechuza que nosotros vemos ahora, una lechuza primordial. Y como una lechuza Yamandú se vio dentro de la gran noche y vio que era vasto. Yamandú quiso conocer su altura, y su largo entonces se transformó en un colibrí. Mainu en lengua guaraní. Y como colibrí Yamandú consiguió volar velozmente en todas las dimensiones de sí: voló encima, voló abajo y al centro de sí. Y vio que era vasto.
Entonces Yamandú, que es el silencio sagrado, luminoso, quiso conocer la totalidad de sí, fue cuando se recogió dentro de sí mismo y se transformó en gavilán. Macaua. Y como Macaua voló a lo más lejos de las alturas y vio la totalidad de sí. Entonces pensó: Precisamos crear mundos.
Fue entonces que él cantó y de su canto las estrellas comenzaron a nacer. Y el cantó, cantó y cantó, hasta que en un determinado momento él dijo: Los mundos están todos creados.
Fue entonces que él se reconoció dentro de sí mismo y se transformó en un Sol Grande. Y en el vientre de ese Sol Grande, Coracy, del que nació Tupa. Tupa, nacido del propio corazón de Yamandú, comenzó a cantar ayudando a Yamandú a crear el universo.

Un día Tupa soñó con nuestra Madre Tierra. Fue cuando él creó de su propio pensamiento un petenguá. Petenguá es una pipa sagrada. Y a través de la petenguá sopló el espíritu de la futura Madre Tierra. Y el espíritu de la futura madre Tierra se quedó viajando por el espacio. Alargándose se transformó en una serpiente luminosa y plateada. Hasta el momento en que ella escogió un lugar y dijo:
-Es aquí.
En aquel lugar ella se enrolló adormeciéndose.
Ella se transformó en una Tortuga, una inmensa tortuga.
Un tiempo después Tupa fue siguiendo el rastro del espíritu de la Tierra que había dejado por el espacio, en el gran cielo, hasta llegar al lugar que había escogido para adormecer y soñar. Tupa vio en el caparazón de la tortuga los dibujos de las futuras montañas, los futuros valles, los futuros ríos, los dibujos de las futuras cascadas. Y pensó:
Es preciso alguien para continuar la creación. Yo tengo muchas tareas que hacer.
Entonces Tupa de su propio corazón, creo nuestro primer ancestro. Nhanderovussu, el primer ser humano. Sólo que en aquel tiempo él era alado. Avadiquaquá, “el primer adornado”
Y cuándo Tupa dijo “ Vas a continuar la creación en la Tierra” nuestro primer ancestro no sabía como andar en la Tierra, no sabía habitar en la Tierra..
Fue entonces que el retornó a Tupa y dijo:
-Pero yo no se vivir en la Tierra.
Y Tupa dijo:
-Viaja en las cuatro direcciones. En cada dirección encontrarás un Nhendejara, un maestro, un guía.
Nhanderovossu, nuestro primer ancestro, volvió a la Tierra y fue en dirección al Sur.

En el Sur vio una Palmera azul, Endovidju.
Nhanderovussu, nuestro primer ancestro, fue hasta la Palmera azul y le dijo.:
-Ey vos! Podés enseñarme alguna cosa sobre vivir acá en la Tierra?
Endovi dijo:
-Y claro que puedo! Entra en mí y vas a aprender a vivir acá en la Tierra.
Entonces Nhanderovussu entró en la palmera y se tornó él mismo Palmera.
Fue cuando sintió por primera vez, a través de las raíces, lo que era estar en la Tierra. Y vio que era muy bueno.
Y se fue quedando, quedando, quedando.
Hasta que un día Endovi dijo:
-Vos ya aprendiste mucho conmigo. Podés irte.
Nhanderovussu, nuestro primer ancestro, salió de la Palmera y fue en dirección al Norte.
En el Norte encontró una Piedra. Él la miró y dijo:
-Vos me podés enseñar una alguna cosa sobre vivir acá en la tierra?
La Piedra dijo:
-Claro, entra en mí que vas a aprender.
Entonces Nhanderovussu entró en la Piedra y se tornó una propia piedra. Se quedó meditando, mirando las ponientes y las nacientes, Mucho tiempo después la Piedra dijo:
-Vos ya aprendiste conmigo lo que tenías que aprender. Podés continuar con tu vida, andá…
Nhanderovussu salió y fue en dirección al oeste. Fue cuando encontró el primer Jaguar y le dijo:
-Vos me podés enseñar alguna cosa sobre vivir acá en la tierra?
Y el Jaguar le dijo..
-Claro, entra en mí.
Fue cuando por primera vez Nhanderovussu sintió el olor de la Tierra, miró la Tierra con los ojos del jaguar, pisó la Tierra con las cuatro patas. Camino, después corrió. Y vio que era muy bueno estar acá en la Tierra. Entonces el Jaguar ancestral, dijo:
-Bueno, vos ya aprendiste conmigo, ahora salí.
Y dejó a Nhanderovussu al pie de una montaña al Este. Nhanderovussu miró para lo alto de la montaña y vio que había una gruta, y de esa gruta salió una luz que le llamó la atención. Y él subió.
Cuando llegó en el interior de la gruta él vió que esa luz salía de una serpiente plateada, que estaba sentada, enrollada en el suelo y lo miraba silenciosamente.
Nhanderovussu le preguntó:
-Quién sos vos?
Ella dijo:
-Yo soy el espíritu de la Tierra.
-Ah entonces me podés enseñar sobre cómo es vivir acá.
-Claro que puedo!
Entonces el espíritu de la tierra fue recogiendo del mismo suelo el polvo y el barro, y fue formando un asiento, los dos pies, fue formando un tronco, un cuerpo, una cabeza, todo de barro.
Colocó dos cristales en lo alto de la cabeza, los humedeció con las gotas que caían de arriba de la caverna y dijo para Nhanderovussu
-Entrá aquí que vos vas a aprender sobre la tierra.
Nhanderovussu entró en aquel cuerpo de barro, en aquel asiento de barro y fue por primera vez que el consiguió andar sobre sus dos pies. Él salió en dirección a la entrada de la gruta porque el sol brillaba allá afuera y vio por primera vez, con los ojos de cristal, todo el horizonte y dijo:
-Esto es muy hermoso, esto es muy hermoso
Fue entonces cuando sintió la belleza de la tierra en su corazón..entonces cantó!
Y la madre Tierra dijo para él:
-Es preciso hablarte de algunas cosas. Vos tenés el poder que viene de la propia Tierra, porque la llevás con vos a dónde vayas. Vos también tenés el poder de las aguas. Vos también tenés el poder de las piedras y el de las plantas. Prestá atención en eso. Este es un presente que yo te dí, cuando moldee el asiento que vos llevás. Pero ahora tenés un poder mayor, vos tenés el poder de Tupa. Prestá atención en cada palabra: Todo lo que sale de tu boca es un espíritu vivo.

Nhanderovussu agradeció las enseñanzas de la Madre Tierra y se quedó pensando en todo aquello mientras caminaba mirando toda la creación que Tupa había dejado: el suelo, las montañas, el cielo. Entonces de repente el miró para el azul del cielo y dijo:
-Arara! (Guacamayo)
Y de la palabra “arara” nació el primer guacamayo, el primer pájaro azul. él se quedó espantado y dijo:
-Ayyy noo, Araraí!
Y nació un guacamayo pequeño.
Y comenzó a decir cosas que se le veían a la cabeza:
-Túcan! Colibrí! ….
De su boca nacieron muchos pájaros. Y los pájaros nacían y volaban. Y él continuó anadando y experimentando aquella sensación. Él miró entonces para el río y dijo:
-Piraracu
Y nació el primer pez.
-Tambaquí.
Y otro pez nacía.
Y fue diciendo muchos nombres que se transformaban en peces. Muchos y muchos nombres. él miró para el suelo y dijo:
-Yacaré!
Y el miró para el otro lado y dijo:
-Panambí!
Nació así la primera mariposa.
Él fue cantando nombres:
-Paca! Tatu! (armadillo)
Él fue cantando, cantando, cantando nombres. Hasta que un día que él miró para los dos lados y le pareció que estaban todos los seres creados: los seres de las aguas, los seres del cielo, los seres de la tierra

Él volvió hasta aquella gruta y se encontró nuevamente con el espíritu de la Tierra y dijo:
-Sagrada Madre, te vine a devolver el cuerpo que vos me prestaste, porque ya aprendí a vivir y a crear en la Tierra
Y la Madre dijo:
-No precisas devolvérmelo, tenelo con vos. Es tuyo para siempre.
Nhanderovussu dijo:
-No. Si yo se lo devolví a la Palmera cuando la Palmera me enseñó. Yo se lo devolví a la Piedra cuando la Piedra me enseñó. Yo devolví al Jaguar cuando el Jaguar me enseñó.
-No, precisa.
Preciso, no precisa…Hasta que la Tierra habló:
-Mirá hacé lo siguiente: andá un poco mas por el mundo, viví un poco más tu experiencia en este suelo, después cuando vos realmente te canses no precisás venir a verme a mí, abre un espacio en cualquier lugar y entrega ese manto que yo te di.

Entonces así fue hecho. Nhanderovussu continuó cantando. Cantó durante mucho tiempo, cantó muchas cosas. muchas vidas nacieron. Y de las vidas que nacieron fueron haciendo amistades unas con otras.

Hasta que un día el dijo -Ahora yo me voy.

Abrió un espacio en el claro del monte, entregó el manto que la Madre le había dado en ese espacio se quedó solamente su espíritu . Y voló y se transformó en Sol. Ese Sol que nosotros vemos hoy es Nhanderovussu, nuestro primer ancestro, nuestro abuelo.