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Amistad

Desnuda en la tienda

“No era coqueta
Era fuerte.”
(June Jordan)

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal

Es olvido
Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.

Pequeñeces

A Laura

Abriste mi valija
pusiste allí
tu voz de ser humano hermoso
que decía
madre
tus poemas
qué es eso de dejarte tus poemas
y quizás
por esa misma causa
y otros parecidos
trascendentes
sucesos diminutos
suele ser la gente amor
la vida más azul
y esta mañana
pájaro
inasible
picaflor.

En Para que sepan de mí. ´´Los poemas de este libro ¨rodaron por muchas manos antes de ser editados en 1988, en Buenos Aires…¨: Laura cuenta que en la época de la dictadura no podía enviar cartas a los amigos exiliados sin correr el riesgo de que fueran violadas, y eso era muy peligroso. Un día empezó a mandarles ¨papelitos¨ como para evitar que se perdiera todo contacto. Los papelitos eran poemas que circulaban allá lejos, de mano en mano…”* Ahora aquí reunidos por editorial Calibroscopio.

*Prólogo Laura Robledo

 

Así de simple

Ésta es
como tantas
una simple
pequeña
historia de mujer.
Los poemas que callo
que cocino
que doblo
los guardo
porque en casa
todos trabajan
y yo también.

 

 

En Para que sepan de mí. ´´Los poemas de este libro ¨rodaron por muchas manos antes de ser editados en 1988, en Buenos Aires…¨: Laura cuenta que en la época de la dictadura no podía enviar cartas a los amigos exiliados sin correr el riesgo de que fueran violadas, y eso era muy peligroso. Un día empezó a mandarles ¨papelitos¨ como para evitar que se perdiera todo contacto. Los papelitos eran poemas que circulaban allá lejos, de mano en mano…”* Ahora aquí reunidos por editorial Calibroscopio.

*Prólogo Laura Robledo

Benditos los piojos
que te acercan a mí y hacen que me toques.

Aunque sean tus caricias
para sacarme la menor de las pestes
no dejan de ser
caricias.

Para librarme del grito de los pibes:
–¡Ahí va la piojosa!
¡La que no la cuidan! ¡La sucia que nadie quiere!

No deja de ser ese movimiento delicado
-en el que me separás los pelos con la uña
como si abrieras el pasto seco-:
una caricia. Una excusa
para que estés conmigo.
Para que me toques.
Como a solas en el ventanal cálido
de las tres de la tarde.

Quietita. Que nada te distraiga.
Arrodillada en el piso
con la cabeza apoyada entre tus piernas.
Tu respiración caliente sobre mi nuca
como un descanso.

Mariela Gouiric