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Paisaje

Las ensoñaciones del paseante solitario

Concebido entonces el proyecto de describir el estado habitual de mi alma en la más extraña situación en la que jamás pudo encontrarse un mortal, no vi ninguna manera más simple y más segura de ejecutar la empresa que llevar un registro fiel de mis paseos solitarios y de las ensoñaciones que los llenan cuando dejo mi cabeza enteramente libre, y a mis ideas seguir su pendiente sin resistencia ni miramientos. Esas horas de soledad y de meditación son las únicas del día en que soy plenamente yo y mío, sin distracción, sin obstáculo, y en que puedo verdaderamente decir que soy lo que la naturaleza quiso.

A tua presença
Entra pelos sete buracos da minha cabeça
A tua presença
Pelos olhos, boca, narinas e orelhas
A tua presença
Paralisa meu momento em que tudo começa
A tua presença
Desintegra e atualiza a minha presença
A tua presença
Envolve meu tronco, meus braços e minhas pernas
A tua presença
É branca verde, vermelha azul e amarela
A tua presença
É negra, negra, negra
Negra, negra, negra
Negra, negra, negra
A tua presença
Transborda pelas portas e pelas janelas
A tua presença
Silencia os automóveis e as motocicletas
A tua presença
Se espalha no campo derrubando as cercas
A tua presença
É tudo que se come, tudo que se reza
A tua presença
Coagula o jorro da noite sangrenta
A tua presença é a coisa mais bonita em toda a natureza
A tua presença
Mantém sempre teso o arco da promessa
A tua presença
Morena, morena, morena
Morena, morena, morena
Morena

En el país de la magia

Según dicen, en la mayoría de las personas que miran un paisaje se forma una cápsula. Esa cápsula no es tan pequeña como se cree.
La cápsula es el médium entre el paisaje y el contemplador. Si el contemplador pudiera arrancar esa cápsula y llevársela sería inconmensurablemente feliz, conquistaría el paraíso en la tierra.
Pero hace falta una delicadeza extrema, una fuerza prodigiosa y saber lo que se está haciendo. Es como arrancar de golpe un árbol con todas sus raíces. Los pícaros que usan un poco al azar medios memo-técnicos, representaciones gráficas, comparaciones, análisis y brutalidades sobre la materia observada no solamente no saben de qué estoy hablando, sino que no pueden en absoluto darse cuenta de la sencillez maravillosa y casi infantil de esa operación que simplemente lleva al umbral del éxtasis.

 

 

 

En Antología poética (1927-1986) Traducción, selección y prólogo: Silvio Mattoni

Anécdota de hombres por millares

El alma, decía,
se compone del mundo exterior.

Hay hombres del Este, decía,
que son el Este.
Hay hombres de una provincia
que son esa provincia.
Hay hombres de un valle
que son ese valle.

Hay hombres cuyas palabras
son como sonidos naturales
de sus lugares, como el parloteo de los tucanes
en el lugar de los tucanes.

La mandolina es el instrumento
de un lugar.

¿Hay mandolinas de las montañas del Oeste?
¿Hay mandolinas de la luz de luna del Norte?

El vestido de una mujer de Lhassa,
en su lugar,
es un invisible elemento de ese lugar
vuelto visible.

 

Poema de la curva

No es el ángulo recto lo que me atrae,
ni la línea recta,
dura, inflexible creada por el hombre.
Lo que me atrae es la curva libre y sensual;
la curva que encuentro en las montañas de mi país,
en el curso sinuoso de sus ríos,
en las olas del mar,
en el cuerpo de la mujer preferida.
De curvas está hecho todo el universo,
el universo curvo de Einstein.

Oscar Niemeyer (1907-1912)

 

La vida es un soplo. Documental sobre Oscar Niemeyer.

Director: Fabiano Maciel
Año: 2007
País: Brasil.

De noche el fuego en la cabaña se contempla en la mirada de tierra. Engastado por el silencio el gran ballet de palmeras susurra en el joven aire danzante.

*

Encopetada de bambúes mi salvaje cabeza de montaña choca con un sueño de nube y observa al colibrí -suspendido en su vuelo- zambulléndose en un maelstrom de follaje.

*

 

Pelaje arborescente de la tierra destripada abaico de deseo impulso de savia sí es la rueda de pesada hoja en el aire frutado. Interroga a la sensitiva ella responde no pero roja en el corazón de la sombra vaginal reina la flor carnal del balicero -la sangre se ha coagulado en la flor insigne. Lava espermática te ha nutrido modelando el vidrio banal la mano de fuego lo irisa de mortal nácar. La gran mano acaricia el seno del morro a menos que sea tu grupa Venus de antracita ella irrita la crin de las palmeras alza la pluma de los excesos y se desliza bajo el vellón enamorado de la enorme Selva.

*

 

En el cielo de tu frente el grito del flamboyán
En el césped de tus labios la lengua arrancada del hibisco
En el cálido campo de tu vientre los cañaverales coronados de sabor
En los verdores perforados tus ojos de luciérnagas
En tus mamas el mango fino
Tus banianos a las muchachitas
El árbol del pan para todos los tuyos
Y el árbol del veneno para la bestia encasquetada

 

André Masson, en Martinica. Encantadora de serpientes (de André Breton, editado por Argonauta, traducción de Rodolfo Alonso)

La Baguala

Cuando ella viene, sentimos que la boca se nos llena de un gusto a pasto pisoteado,
y que tiene un sabor a cuero resobado y reseco.
Entonces es cuando hay que cantarla con todo el pecho
aunque la voz se quiebre en medio del intento
y nos quedemos tristes para siempre.

Recién, entonces, es cuando se comienza a transitarla con alegría
y a comprender por qué anda por caminos llenos de polvo, sola,
entre las venas del hombre que la mira irse en silencio.
Por qué se duerme sobre vasos de vino
mientras el hombre queda con el sombrero entre las manos como un nido vacío.

Sabemos que se alza sobre los carnavales
desde aquellos que comen en silencio en las cantinas últimas;
que toda contención será inútil cuando su remolino turbio
baile sobre la sangre un frenético erizamiento;
que viene el día y la hora y el segundo en que ella crece en árbol
sobre nuestra tristeza que la busca,
y que cuando comienza su descendimiento espeso, nos queda todavía, lejano,
el ruido de su pecho sobre las cajas del atardecer.

Quemándose en los ojos más oscuros como la última brasa
y arrinconada sobre las lágrimas de los borrachos que recuerdan,
la noche le pertenece íntegra
con sus caballos que mueren a mitad de camino
velados por la copla que los ha asesinado.
Uno la ve llegar sobre lentos silbidos
cuando la arena roja de los chacos traga todos los huesos muertos
y no se sabe si la luna lleva ciervos heridos por el cielo
o ramazones secas.
Y sobre los domingos, cuando viene la noche
con su garganta llena de sapos y un cascabel de víbora
vierte su agua milenaria sobre la boca sedienta en la caja.

Cuando se la ha sentido así, necesariamente hay que llorarla. Y llorarla, no con los ojos sino con las raíces, y con los muertos que nos vuelven siempre dolorosamente puntuales todos los lunes de la vida.
Tenemos que llorarla sobre las conquistas del amor,
entre las carpas que cuelgan su albahaca para los faroles sonámbulos;
junto a las zambas que se bailan seriamente para que rían los pañuelos
mientras una mujer recoge el ruedo de su falda
antes que la desate el peso de las coplas.

Tenemos que llorarla y cantarla
ahora que sentimos que el bosque de yuchanes cabe en nosotros
con sus tallos verdes y su silencio de violento chaco,
ahora que contenemos la tierra alegres y profundos como una semilla.

Tenemos que cantarla porque ya se nos pierde
en los ojos remotos de los músicos ciegos
Desde cuyo fondo parece que se estuviera despidiendo.

 

En La tierra de uno, 1951.

 

Tanto vivir entre piedras
Yo creí que conversaban
Voces no he sentido nunca
Pero el alma no me engaña

Algún “algo” han de tener
Aunque parezcan calladas
No de balde ha llenau dios
De secretos la montaña

Algo se dicen las piedras
A mi no me engaña el alma
Temblor, sombra o que se que yo!
Igual que si conversaran

Malaya pudiera un día
Vivir así: sin palabras

 

Atahualpa Yupanqui