Oralitura (Liliana Ancalao)

Oralitura: una opción por la memoria

Oralitura es un término acuñado por el poeta mapuche Elicura Chihuailaf para diferenciar esta manifestación estética contemporánea de la llamada “literatura precolombina”. Como en ésta, los autores somos originarios, pero mucho ha acontecido en el río de la historia y en la contemporaneidad aunque abrevemos de la misma fuente, nuestra cosmovisión, somos distintos y nuestra producción cultural también lo es.
Desde 1492 hasta la actualidad pueblos y culturas de este continente han sufrido complejas suertes en su permanente conflicto con el pueblo y la cultura vencedora. La política monocultural aplicada ayer por los conquistadores y los colonizadores, y hoy por los Estados, es sinónimo de muerte ya que provocó y provoca el exterminio de pueblos y la desaparición de culturas.
Lamentablemente muchos de los nuestros nacen hoy en el desierto de la ignorancia. ya que desconocen su pasado histórico y se averguenzan de su circunstancia inmediata. Este desconocimiento es consecuencia de esta aplicación sistemática de superioridad cultural desde las instituciones del poder: escuela, iglesia, policía y municipio. La tiranía disfrazada de paternalismo ha abonado durante siglos el campo de la indigencia, del alcoholismo y de la mediocridad de no poder desarrollar la propia cultura ancestral ni poder acceder a los escalones de la cultura dominante.
Esta ignorancia de la identidad originaria deja como única opción la Invislbllidad, la confusión en el anonimato de las múltiples Identidades que ofrece el sistema.
Muchos de nosotros hemos estado allí.
¿Qué curiosidad, qué impulso, qué insatisfacción nos despertaron? En mi caso, fue un proceso alimentado por todas esas inquietudes, un camino que me fue llevando a la decisión de asumir mi identidad originaria y con esta decisión a la posibilidad de recibir mi herencia histórica y cultural.
Una historia de horror y de dolor, una pesadilla de torturas.
Una historia de abuso que hoy continúa. Una historia que genera intranquilidad y desconfianza. Ésa es la herencia de quienes decidimos ser parte de nuestro pueblo. Con esta elección también heredamos la conciencia de ser una continuidad histórica que nos filia al destino de nuestros lonkos Kaupolikan y Kallfukura y al de nuestras comunidades de Lonko Purán y de Likan Ray.
La conciencia de ser parte de un pueblo nos hace ser responsables del resguardo de una cultura, porque la pérdida de la memoria, el olvido, que es una de las modalidades de la muerte, acecha a los pueblos originarios hoy. Memoria y conocimiento son sinónimos.
Y ésa es la otra herencia que nos corresponde: el conocimiento. Conocimiento al que hay que acceder primero, para luego hacerlo circular dentro de nuestro pueblo.
Reconocer la propia ignorancia es un gran paso para avanzar hacia el conocimiento, asumimos como aprendices de la propia cultura nos lleva al encuentro con los kimche, los sabios dispuestos a enseñar, y nos lleva a los espacios de práctica.
El aprendizaje se realiza a través de la práctica de nuestra cultura y se enriquece con el estudio de otras culturas originarias.
Danzar la misma y las distintas danzas, de la selva, de la estepa, de las quebradas, ponerle el cuerpo al conocimiento.
Venir del humo, de la polvareda, de los amaneceres a la intemperie, de las marchas en medio de las avenidas, del desprecio de los sabuesos del winka, de las lágrimas del año nuevo.
Y encontrarme un día allí, en la rueda, entre los poetas. Hermanos kom, keshua, nahuatl, wichol, kariña, las mismas calles y el mismo cemento, los mismos libros y el mismo reclamo en las plazas. La misma herencia y las palabras buscando su cauce.
La tradición oral es el universo que se respira en el aire de nuestras reuniones, el universo incontenible dentro de nuestro cuerpo. La memoria.
La memoria entre los antiguos había circulado sólo en forma oral. Fue una decisión de nuestros pueblos usar los grafemas occidentales para escribir el idioma originario.
Escribir la memoria en una pelea por defenderla del olvido. Juan Paulo Wirimilla dice: “…la memoria es un árbol al que se le da vueltas a la siniestra del reloj”, y Chihuailaf agrega: “…escribo a orillas del fogón que arde en la memoria”,
¿Cómo se escribe esto que siempre anduvo en los árboles, tirado a la sombra de los helechos y los musgos, descolorido por el sol en las piedras de la estepa, salado en la transparencia de las orillas? ¿Cómo se escriben los colores escandalosos de los pájaros y la resistencia delicada de nuestros tejidos? ¿Cómo se escribe la voz gastada que nos cuenta de una estrella que cae y se clava en el pecho de una niña?
¿Cómo se escriben la profundidad y los ecos que nos transforman en cántaros a las mujeres?
Se escribe en el idioma originario, en la lengua que sigue siendo materna, mapuzungun, aunque la aprendamos como segunda lengua, y también en el otro idioma: castellano, inglés, francés, portugués…
Las traducciones van y vienen, desde la primera a la segunda lengua y viceversa, y en las vueltas las palabras se pulen entre sí como piedras.
La oralitura como expresión artística de nuestra cosmovisión marca una continuidad cultural entre lo que hemos sido y lo que somos hoy. Viviendo en las comunidades y en las ciudades, transitando permanentemente el camino entre ambos espacios. Siendo con nuestras vidas el espacio de convivencia y de conflicto: entre tradición y modernidad, entre lo comunitario y lo individual, entre el idioma originario y el idioma impuesto.
Los escritores originarios transitamos del canto espontáneo de catarsis personal, al canto de autor con intencionalidad estética. Del mito, la conversación, los sucedidos, transmitidos oralmente como memoria del pueblo, a la escritura creativa donde todo se funde para sustentar lo nuevo.
Hemos abrevado en la literatura universal y hemos latido con la húmanidad de los autores de distintos tiempos y culturas. Llegaron a nosotros con esta lengua impuesta, lengua con la que aquí intento transmitir oralitura.

Comodoro Rivadavia, enero de 2005

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