El blanco (Michel Pastoureau)

De los colores

-Dominique Simonnet: ‘Cuando pensamos en el blanco, no podemos dejar de sentir una ligera vacilación y preguntarnos si realmente es un color… ¿Le parece una pregunta sacrílega a un especialista como usted?

-Michel Pastoreau: Es una pregunta muy moderna, que no habría tenido ningún sentido hace tiempo. Para nuestros antepasados, no había ninguna duda: el blanco era un verdadero color (e incluso, uno de los tres colores básicos del sistema antiguo, con el mismo rango que el rojo y el negro). Ya en las paredes grisáceas de las grutas paleolíticas se utilizaban materias gredosas para colorear de blanco las representaciones animales y en la Edad Media se añadía blanco sobre el pergamino de los escritos iluminados (que eran beige claro o cáscara de huevo). En las sociedades antiguas, se definía lo incoloro como todo lo que no contenía pigmentos. (…) Al convertir el papel en el principal soporte de los textos e imágenes, la imprenta introdujo una equivalencia entre lo incoloro y el blanco, y este último pasó a ser considerado como el grado cero del color, o como su ausencia. Ya no estamos en esta fase… Después de mucho debatir entre físicos, al fin se ha vuelto a la sabiduría antigua y volvemos a considerar el blanco como un color con todas las de la ley.

D. S: ‘Nuestro antepasados eran entonces especialmente perspicaces al respecto.

M. P: Sí. Incluso distinguían el blanco mate del blanco brillante: en latín, ‘albus’ (el blanco mate, que en francés ha dado ‘albâtre’ -alabastro- y ‘albumine’ -albúmina-) y ‘candilus’ (el brillante, que ha dado “candidato”, el que lleva un atuendo blanco brillante para presentarse al sufragio de los electores).

(…)

D. S: ‘Queda que en nuestro vocabulario el blanco está asociado a la ausencia, a la falta: una página blanca (sin texto), una voz blanca (sin timbre), una noche blanca o en blanco (sin sueño), una bala blanca (sin pólvora), un cheque en blanco (sin importe)… O también: “¡Me he quedado en blanco!”.

M. P: Es cierto que el léxico ha conservado algunas huellas. Pero en nuestro imaginario asociamos espontáneamente el blanco a otra idea: la de la pureza y la inocencia. Este símbolo es extraordinariamente fuerte, es recurrente en las sociedades europeas y lo encontramos en África y en Asia. En casi cualquier punto del planeta, el blanco remite a lo puro, a lo virgen, a lo limpio, a lo inocente…

(Fragmentos extraídos de BREVE HISTORIA DE LOS COLORES. Michel Pastoureau, entrevistado por Dominique Simonnet. Editorial Paidós)

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