Dejemos morir dulcemente a nuestros muertos (César Brie)

Cuando alguien muere en este pueblo, su amigo más íntimo hereda sus ropas, para que el día de los santos se vista con ellas y vaya a visitar al amigo fallecido. Si dejas en la tumba los zapatos del muerto él podrá caminar por la tierra que lo vio vivo. Si apoyas un pinkillo, o una quena donde fue enterrado, el viento soplará para que escuche un huayño. Si no creen en esto pregúntense por qué se sienten solos, si no bailan dentro de ustedes aquellos que amaron, si no cantan en nosotros nuestros muertos. La muerte es como un viaje y si vamos a despedir un amigo, es mala educación darle las espaldas antes que haya desaparecido. El muerto está de espaldas y las espaldas no son ausencia todavía. Dejemos morir dulcemente a nuestros muertos. Es triste olvidarlos antes del olvido.

 

César Brie,  en Las abarcas del tiempo

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