Aparición de Ñamandu: los divinos

Nuestro el último, nuestro padre el primero hace que su propio cuerpo surja de la noche originaria. La divina planta de los pies, la pequeña sede redonda: en el corazón de la noche originaria, él las despliega desplegándose a si mismo. Divino espejo del saber de las cosas, unión divina de toda cosa, divinas las palmas de las manos, palmas divinas con ramas floridas: él las despliega al desplegarse a sí mismo, Ñamandu, en el corazón de la noche originaria. En lo alto de la cabeza divina las flores, las plumas que la coronan son gotas de rocío. Entre las flores, entre las plumas de la corona divina, el pájaro originario, Maino, el colibrí, vuela, revolotea. Nuestro padre primero, él despliega su cuerpo divino en su propio despliegue en el corazón del viento originario, la futura morada terrestre, él no la conoce aún por sí mismo, la futura estancia celeste, la tierra futura, a aquellos que fueron desde el origen, él no los conoce todavía por sí mismo: Maino hace entonces que su boca sea fresca, Maino, nutricio divino de Ñamandu. Nuestro primer padre Ñamandu todavía no ha hecho que se despliegue, en su propio desplegamiento, su futura morada celeste: entonces no ve la noche mientras tanto el sol no existe. Pues es en su corazón luminoso que él se despliega, en su propio desplegamiento; del divino saber de las cosas. Ñamandu hace un sol. Ñamandu verdadero padre primero mora en el corazón del viento originario; y allí él reposa, Urujure`a la lechuza hace que existan las tinieblas ella hace que entonces se presente el espacio tenebroso. Ñamandu verdadero padre primero todavía no ha hecho que se despliegue en su propio desplegamiento, en su propio desplegamiento, su futura morada celeste; todavía no ha hecho que se despliegue, en su propio desplegamiento, la primera tierra: él mora en el corazón del viento originario. El viento originario en el corazón del cual mora nuestro padre, de nuevo se deja alcanzan cada vez que retorna el tiempo originario, cada vez que retorna el tiempo originario. Cumplido el tiempo originario, cuando el árbol tajy florece entonces el viento se convierte al tiempo nuevo, ya están los vientos nuevos, el tiempo nuevo, el tiempo nuevo de las cosas inmortales. Del libro de Pierre Clastres. “La Palabra Luminosa” -Mitos y cantos sagrados de los guaraníes- Ediciones del Sol. 1993. Buenos Aires. Argentina.

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