El misterio (Marosa Di Giorgio)

Mi “literatura” comenzó el día que nací, o a los cuatro años, cuando ambulaba por el ahora mítico jardín y de pronto, quedé en otra dimensión. Tal vez una mañana amanecí así. Con dos alas largas en rosa incendiado. Quiero decir que sin dolor ni alegría, sino con total naturalidad, acusé el cambio. Alicia se fue a la subtierra o al espejo, pero regresó. A mí me fue imposible. Soy una “visitada”. El panorama que se abrió con ‘Poemas’ -y que se llama y se llamará ‘Papeles salvajes’ a medida que lo vaya aumentando y uniendo- bien pudo nominarse ‘Las visitaciones’, ‘El libro de las visitaciones’.
No busqué nada, entonces. No me propuse nada. No me propongo nada. Es un designio. Vengo del Primer Motor Inmóvil y mi paso por el tiempo es para escribir, murmurar, otra vez, la creación.
Junto a la mujer normal, seria, quieta, nerviosa, que se ve, hay un hada ejecutando otra labor con un hilo de oro.
Un alguien escondido me ordena cazar mariposas, pero a la vez, simultáneamente, las pone en mi mano.
Sí, quedé como un testigo del cortejo y de las cosas. Aparentando actuar, sólo protagonicé y protagonizo asustada y encantada mi acontecimiento interior. Finjo en nombre de la luz.

 

 

(Fragmentos extraídos de “NO DEVELARÁS EL MISTERIO: Entrevistas 1973 – 2004”. Compilación de Nidia di Giorgio. Selección de Edgardo Russo. Edición y prólogo de Osvaldo Aguirre. el cuenco de plata)

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