La lluvia de verano (Yves Bonnefoy)

La lluvia de verano

I

El más querido y no por eso
Menos cruel
De todos nuestros recuerdos, la lluvia de verano
Repentina, breve.

Salíamos, y era estar
En otro mundo
Nuestras bocas se embriagaban
Del olor de la hierba

Tierra
El manto de la lluvia se extendía sobre ti.
Aquello era como el seno
Que hubiese soñado un pintor.

 

II

Y de pronto en el cielo
Percibíamos
Ese oro que la alquimia
Había buscado tanto.

Lo tocábamos, brillante
Sobre las ramas bajas,
De aquello amábamos el gusto
Del agua, sobre nuestros labios.

Y cuando recogíamos
Ramas y hojas secas
Ese humo al final de la tarde, brusco, ese fuego,
Era también el oro.

 

Yves Bonnefoy, en La lluvia de verano

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