Canta (Juan L. Ortíz)

Canta la calandria…canta…
Toda criatura canta, no es cierto? canta para “ser” aún en el “misterio”,
en el extrañamiento de sí…

Canta la calandria, y de repente parece que halló
la deidad del “silencio”…

Excedió el pajarillo, pues, el hálito
de las ocho,
al no encontrarla respuesta
cerca,
y perdérseles en el gris las otras frases del minuto?

Por qué calló entonces?
Alguien sufre…

Nada asegura que la melodía
pasó a “ser”, allá, allá, donde las perlas se disolverían, y de donde, a la vez,
se desprenderían las perlas…

Pero vuelve…
y con qué dulzura vuelve…es la melancolía
que vuelve?

Oh amor de diciembre,
amor: dale el eco de una rama de ahí, o, si lo prefieres, del confín,
para que no “sea” en ese “allá”
antes de “ser” su “resonancia”, en el intervalo de “aquí”, porque nadie, nadie,
nadie puede herirlo así…
y quede en una suerte de molicie
que se ilumina
hasta arder en las cigarras y medir, intermitentemente, con ellas
los espacios, ya, de un arcángel…

 

En La orilla que se abisma.

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