¿Podría indicarme el final? (Alessandro Baricco)

“Aquella gran ciudad… No se veía el final… / El final, si es tan amable, ¿podría indicarme el final? / Y el ruido / En aquella malditísima escalerilla… todo era muy hermoso… y yo me sentía grande con aquel abrigo, estaba dando un gran espectáculo, y no tenía dudas, estaba garantizado que iba a bajar, no había ningún problema / Con mi sombrero azul / Primer escalón, segundo escalón, tercer escalón / Primer escalón, segundo escalón, tercer escalón / Primer escalón, segundo / No fue lo que vi lo que me detuvo / Fue lo que no vi / ¿Puedes comprenderlo, hermano?, fue lo que no vi…, lo busqué, pero no existía, en toda aquella inmensa ciudad había de todo excepto / Había de todo / Pero no había un final. Lo que no vi es dónde terminaba todo aquello. El final del mundo / Imagínate: un piano. Las teclas empiezan. Las teclas acaban. Tú sabes que hay ochenta y ocho, sobre eso nadie puede engañarte. No son infinitas. Tú eres infinito, y con esas teclas es infinita la música que puedes crear. Ellas son ochenta y ocho. Tú eres infinito. Eso a mí me gusta. Es fácil vivir con eso. Pero si tú / Pero si yo subo a esa escalerilla, y frente a mí / Pero si yo subo a esa escalerilla, y frente a mí se extiende un teclado con millones de teclas, millones y trillones / Millones y trillones de teclas, que nunca se terminan y ésa es la verdad, que nunca se terminan y que ese teclado es infinito / Si ese teclado es infinito, entonces / En ese teclado no hay una música que puedas tocar. Te has sentado en un taburete equivocado: ése es el piano en el que toca Dios / ¡Por los clavos de Cristo!, pero ¿tú viste aquellas calles? / Contando sólo las calles, las había a millares, ¿cómo os las arregláis para escoger una?/ Para escoger una mujer / Una casa, una tierra que sea la vuestra, un paisaje para mirar, una forma de morir / Todo ese mundo / Ese mundo encima que ni siquiera sabes dónde acaba / Y cuánto hay / ¿No tenéis miedo de acabar destrozados sólo con pensar en esa enormidad, sólo con pensar en ella? Y para vivirla… / Yo nací en este barco. Y por aquí pasaba el mundo, pero a razón de dos mil personas cada vez. Y aquí había también deseos, pero no más de los que caben entre una proa y una popa. Tocabas tu felicidad sobre un teclado que no era infinito. Así lo aprendí yo. La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es una mujer demasiado hermosa. Es un perfume demasiado intenso. Es una música que no sé tocar. Perdonadme. Pero no voy a bajar. Dejadme volver atrás. Por favor /”

 

Alessandro Baricco, en Novecento

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