El sol (Charles Baudelaire)

104. El sol

Por todo el barrio viejo, donde en las casas cuelgan
las persianas, abrigo de secretas lujurias,
cuando el sol cruel pega con rayos redoblados
sobre la ciudad y los campos, sobre techos y trigos,
voy a ejercitarme solo en mi fantástica esgrima,
oliendo en todos los rincones el azar de la rima,
tropezando con palabras como con adoquines
y dando a veces con versos hace mucho soñados.

Este padre que alimenta, enemigo de la anemia,,
despierta en los campos versos como rosas;
hace que las preocupaciones se evaporen al cielo,
y llena los cerebros y las colmenas de miel.
Él es quien rejuvenece a los que llevan muletas
y los pone alegres y dulces como niñas,
¡y manda que las cosechas crezcan y maduren
en el corazón inmortal que siempre quiere florecer!

Cuando, como un poeta, desciende a la ciudad,
ennoblece la suerte de las cosas abyectas,
y entra como un rey, sin ruidos ni criados,
en todos los hospitales, en todos los palacios.

 

 

 

En Las flores del mal, Trad. Américo Cristófalo.

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