En fin (Columela)

En fin, cuando la tierra ya esté limpia,
en eras dividida, y su dureza
domeñada, reclame el beso amante
de la semilla, désela y produzca
de flores un terrestre firmamento,
el cándido alhelí; la rutilante
caléndula dorada; del hermoso
narciso las guedejas; las terribles
bocas de león rugiente;
la azucena fragante, esplendorosa;
albinos o cerúleos los jacintos:
amarilla y morada la que esparce
su olor, cual virtud, aunque escondida
¡violeta!, por humilde más preciada.
y la purpúrea rosa, sol del prado,
como las que pintan en las mejillas
el cálido pudor de las doncellas.

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