A Selene (Homero)

XXXII

A LA LUNA

1

¡Oh Musas de suave voz, hijas de Zeus Cronida, hábiles en el canto! Enseñadme a cantar a la Luna, de abiertas alas, cuyo resplandor sale de su cabeza inmortal, aparece en el cielo y envuelve la tierra, donde todo surge muy adornado por su resplandor fulgurante. El aire oscuro brilla junto a la áurea corona y los rayos resplandecen en el aire cuando la divina Luna, después de lavar su hermoso cuerpo en el Océano, se viste con vestiduras que relumbran de lejos, unce los resplandecientes caballos de enhiesta cerviz y acelera el paso de tales corceles de hermosas crines, por la noche, a mediados del mes, cuando el gran disco está en su plenitud y los rayos de la creciente Luna se hacen brillantísimos en el cielo; indicio y señal para los mortales. En otro tiempo el Cronida unióse con ella en amor y calma; y, habiendo ella quedado encinta, dio a luz la doncella Pandía, que descollaba por su belleza entre los inmortales dioses.

17

Salve, reina, diosa de níveos brazos, divina Luna, benévola, de hermosas trenzas; habiendo empezado por ti, cantaré las glorias de los varones semidioses,cuyas hazañas celebran con su boca amable los aedos servidores de las Musas.

 

 

En Himnos, Homero.

Siglo VII a. C.

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