François Cheng

Una roca ciertamente es una entidad estable.

Sin embargo, hay que representarla como una presencia móvil,

tan móvil como el aliento, tan fluida como el agua.

Eso no se explica fácilmente con palabras; el pintor debe sentirlo.

Los antiguos daban a las rocas el nombre de “raíces de nubes”;

decían que las rocas en su aspecto atormentado o alegre, fantástico o calmo,

parecían cambiar de fisonomía a cada instante.

Uno ve por ese lado que el espíritu de la roca

es todo eso

de movilidad y fluidez.

 

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